Recortes del temporal

martes, 28 de mayo de 2013

Santiago, no has querido ser el centro y tu nunca has conocido el mar. Es cierto, nunca lo ha conocido, pero cada otoño-invierno lo siente. 

Desde que tengo uso de razón, Santiago se ha inundado. Cuando chica me encantaba cruzar en carrito (y solo por cien pesos) las callesríos... ¿Papá/mamá, te imaginas si se da vuelta el carrito? ¡Vamos a quedar súper mojados!...claro, a eso había que sumarle la emoción de sentir que en cualquier segundo un auto/micro/camión, poco empático, podía chocar con el salvador medio de transporte. 

Cómo serán ahora tus calles si te robaron tus noches. Me gusta la lluvia, me gusta sentirla, me agrada caminar, pensar, dejar fluir, es que la lluvia le da el toque perfecto a cualquier escena mental. También me gusta estar acostada, cómodamente acurrucada y escuchar, escucharla. Otra escena perfecta, pero ¿Qué pasa con todas las personas que tienen por hogar la calle? ¿Qué pasa con los animales abandonados? Puta que me revienta pensar en las condiciones en las que se encuentran. Desigualdad asquerosa.

Canta, es mejor si vienes, tu voz hace falta. Lluvia, tú que nos empapas con una atmósfera de película antigua, de misterio, de alegría o de melancolía (según las preferencias o estilos de cada persona) llévate todo lo malo, limpia esta ciudad, límpiame(nos). Me gustas, pero muchos necesitan descansar. Tú, principalmente tú. Hace falta tu voz, tu alegría y tu esperanza. Sí, usaré el cliché tal vez más grande del mundo: Después de la tormenta, siempre (siempre) viene la calma.

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