La miraba de reojo. No, por ningún motivo debía enterarse que memorizaba cada uno de sus rasgos. Tenía que descubrir la verdad porque ¿Cómo tanta mala cueva? ¿Cómo entre mil personas tenía que ser ella? Me negaba a creerlo, pero la mínima posibilidad aceleraba mi corazón. Es que es el lugar, si fuera la cajera del supermercado, la vendedora de pan, la secretaria de un centro de estética, la empaquetadora o la entrenadora de un gimnasio me daría exactamente lo mismo.
Me miraba, tal vez algo intuía, todo esto en cuestión de minutos. Choque, típica sensación de incomodidad ¡Pero al carajo, tenía el rasgo genético! dos lunares en el mentón.
Hace unos minutos recordé lo sucedido. Investigaciones por acá, por allá y... ¡Uf, alivio del corazón! No habían lunares, crimen descartado. Genial. No hay más cintas. La película termina aquí.
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