El sábado tenía unas locas ganas de comer chocolate. Me acerqué al local y pregunté por el precio. La verdad es que estaba un poco más caro de lo normal, pero ya saben, cuando uno necesita algo, está dispuesto a pagar lo que sea. Iba a sacar el dinero y una voz se hace presente: ¡No, a ella déjaselo al precio normal, es mi casera!
Mientras tanto en mi mente:
1- Loco, la señora es la más amorosa de la vida, me ahorró unos pesos. Sí, este chocolate tendrá un mejor sabor.
2- ¡CTM, soy la gorda lechona del chocolate! ¡Recuerda todas las veces que he comprado, desde... ¿El dos mil siete?! ¡Me tiene identificada!
Luego de unos segundos reacciono y le agradezco el gesto. Ella me responde con una sonrisa y me dice: De nada, es para que nunca me cambie ¿Ya? ¡Jamás!, le respondo sonriente.
Así es como me volví la "caserita" de la mejor vendedora.
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