Una especie de pánico atacaba a la ciudad pero poco me importaba ya que suficiente tenía con mi corazón alocado. Sabía que era el instante, el instinto no falla. Santiago a oscuras, la incertidumbre del no saber lo que pasaba, las certezas de nuestras emociones y el lugar que nos unió. Sí, me aferré al sentimiento. Me sentí libre y plena. Horas antes había renovado mi compromiso con la vida cantando a todo pulmón la canción de la morena ¿Qué más puedo decir? ¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!
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