Tener una sala de cine solo para nosotros, no tiene precio.
Apropiarnos de cada rincón de la ciudad, no tiene precio.
Bromear, cantar y bailar, no tiene precio.
¿Qué le tires una broma a Honey? ¡No tiene precio! (Perdónalo, no sabe lo que hace)
¿Confesiones en la plaza de la sinceridad? ¡NO TIENE PRECIO!
Adueñarnos de Vicente Valdés, correr para alcanzar el último metro, suspirar, cantar, morder, mirar, mirarte, mirarnos…simplemente no tiene precio.
Decreto que sea así, por mucho tiempo, que sea así.
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