Yo sé que me fue pésimo. Seamos francos ¡Me fue como el hoyo! Pero prometo que estudié en demasía, sin embargo también sé que esa semana no fue mi semana. Como nunca mi concentración fue nula pero nula nula. Me queda un consuelo, sí, aprendí y me da una rabianostalgiapena enorme que el esfuerzo no se vea reflejado ¡Yaaa pero para el show! Me repito, pero no, no me hago caso. Trato de pensar objetivamente que aún queda un sesenta porciento de posibilidades y que estoy agrandando las cosas como (a veces) suelo hacerlo. Yo creo que me gusta el drama ¡Por la chingada que sí! Pero es tan terrible sentirse así. Un dos tres…respira…un dos tres y la técnica de respiración que aprendí en yoga no me sirve. No. Miro el correo y mi estómago protesta tratando de liberarse ¡Y lo hace! Por lo menos ahora no soy activiadependiente. Un, dos y tres y vuelvo a mirar el correo “Estimada: Disculpe. Lo enviaré en la tarde” y me pregunto ¿Qué será tarde? Por mí que no las enviara nunca nunca, pero una parte de mí dice ¡Qué las envíe luego, así dejas de sufrir! Trato de distraerme con un sudoku y como nunca lo termino en tiempo record. Continuo con mis lecturas y de vez en cuando reviso el cara de libro ¡Pero ese tampoco me deja en paz! ¡Señor! ¿Cómo es posible que de 454 “amigos” su rostro sea siempre uno de las diez primeros? ¡Libertad! ¡Sí, libertad! ¿Qué me queda? Escribirescribirescribir… escribir para eliminar un poco de ansiedad, escribir para dejar registro de mi exageración, escribir para vomitar, escribir para dejar de pensarte, escribir para reafirmar que los milagros existen y que yo estoy aquí para recibirlos.
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