Jacinta

domingo, 3 de abril de 2011

Yo no sé si es macho o hembra, pero la bauticé como Jacinta. No me complica para nada tener una planta de bambú travestida, pero no me molestaría saber su real identidad. ¿Si fuera hembra? Seguiría llamándola Jacinta y si fuera macho creo que también ¿No? Bueno, entonces podría rebautizarla y ponerle Jacinto ¿No es original? Entonces ¡Ogú el Bambú! ¿Qué a usted le gustaba Jacinto? ¿Qué es estúpido ponerle nombres a las plantas? ¡Qué razón tienes Patronio, no hay que dejarse llevar por las críticas de las demás porque nunca a todas vamos a agradar!

¿Te imaginas especular a diario cómo nos ven los otros? El solo hecho de pensarlo me descompone ¡Ni que fuera monedita de oro pa’ caerles bien a todos! Esto pasa hasta por un cuento de salud mental, aquí se aplica el “pensar demasiado en algo, puede llegar  a estropearlo” y con mi salud creo que ya he tenido bastante así que preocupaciones de ese tipo ¡No, gracias!

Qué me importa que critiquen que si estoy más gorda o más flaca, que si parezco de diecisiete o no, que si tengo la cara de tal forma o si consideran que soy la persona más inconsecuente, desagradable, loca, infantil, romántica, llorona, patética o católica ¡Por que ese es uno de los temas predilectos para criticar! ¿Y te llegó plata del anillo del Papa? ¿Te confiesas con curas pedófilos? ¿Y todavía crees en Dios? ¡Pero si Jesús se acostaba con la prostituta esa, la María Magdalena! Pero esto no es todo, a frases como esas siguen otras más hermosas como: Oye, pero que rara eres,  siempre andas criticando al gobierno y te he visto en muchas marchas ¿Eres una comunista que cree en Dios? ¿No es una herejía? ¿Cuántos azotes te tienes que dar para aplacar tu culpa?  En esos momentos no me queda más que suspirar ¡El afán del ser humano de encasillar todo!

Pero allá ellos con sus casillas, con sus supuestos, con sus historias bañadas en misterio y completadas por los exquisitos rumores de pasillo que a tanto de nosotros nos gustan. Yo prefiero quedarme con mis veinte y un años de vida, con mi mirada y conciencia libre de culpas, con las risas y abrazos que entrego a los que quiero. Me quedo con mi optimismo, ese que vence al que se  cubre con la máscara de realista. Me aferro a mi Dios, a ese Dios que siento vivo.

Yo soy la que soy y me siento bien así. Después de una serie de luchas, tanto internas como externas, y de las cuales he salido victoriosa, hoy me doy el gusto de hacer lo que quiero, hablar con quien quiero, sin tener la auto-obligación de agradar al resto ¡Ego sum qui sum! Grito a los cuatro vientos, espero que Jacinta o Jacinto, se sienta así de bien.

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