Jamás olvidaré la mirada de Don Nelson, esos ojos aguados que imploraban una conversación sincera. Jamás olvidaré la forma en que tomó mi mano y como en ese lazo se aferró al deseo de hacerme participe de su vida. Bastó una llamada, bastó un pequeño empujón para que meses de alejamiento se rompieran. ¡Dígale que lo amo, dígale que estoy bien y que pese a todo lo amo!
Y así, desde un celular miserable, se produjo la magia de Navidad. Lo que sucedió después es tan difícil de describir ¡Qué maneras tienes para obrar! ¡Gracias, gracias por hacerme partícipe de un momento tan maravilloso! ¡Gracias por hacerme testigo de tu presencia!
24-12-210
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