¡Cry Baby Cry!

sábado, 15 de enero de 2011

Aunque me vea ruda, y bien lo saben, soy de lo más llorona que hay. He llorado por muchas cosas: Teleseries, películas, capítulos de libro, melodías, matrimonios, nacimientos, funerales, historias de amigos (y de otros no tan amigos)… ¡La lista es infinita!

Existen momentos en la vida en los cuales es aconsejable llorar. Las lágrimas son una fuente poderosa para liberarnos, para botar de alguna u otra forma, lo que nos ahoga. Muchas veces necesité de esa catarsis, sin embargo no lloré, ya sea por impacto, por orgullo, por ser fuerte…

Lo admito, soy super sensible, pero yo pensé que lo ocultaba bien. Debe ser que los sentimientos se liberan, las emociones se expresan por más que tratemos de ocultarlas, siempre algo nos delata.

El profesor Helmuth tiene su teoría con respecto a mi sensibilidad. El Pipe cada vez que le cuento que lloré por algo (aunque sea en broma) me dice ¡Te creo Rosi, te creo, tú eres así! Y me sonríe dulcemente. Mi familia ya me conoce y sabe que si bajo o me encierro en la pieza es porque quiero ver una película en total tranquilidad para así poder llorarla como corresponde. Igual si uno quiere llorar debe cachar donde y con quien, aunque la mayoría de las veces es terrible difícil de calcular.

El otro día salí con el Nico, con el cual me reúno sagradamente un día antes de terminar el año. Fuimos al Cine Arte Normandie (Pauli, te habías marchado a Llay-Llay, y no podía perder la entrada) a ver Okuribito (Final de Partida) una película japonesa que relata de forma magistral, como bien saben hacerlo los japoneses, el arte de lavar los cuerpos de los difuntos como acto previo a la cremación (película altamente recomendable) Pues bien, siendo esa la temática y al ver que fue tan bien tratada…terminé llorando ¡Por suerte me pude controlar y no lloré como desquiciada! ¡Es que era el Nico poh, que plancha! Igual los ojos me quedaron raros y él, de forma atinada, me regaló una tierna caricia.

Recuerdo que con la Pauli teníamos pensado ir a ver Hachiko al Normandie ¡Por suerte que no fuimos! ¡Habría inundado la sala! ¡Habría molestado a todos con el típico sonido que uno hace al llorar cuando ya no queda aliento, cuando la nariz ya está tapada ¡Es que hace tiempo no lloraba tanto! ¡Me imagino ese llanto reprimido en el cine y me ahogo de solo pensarlo! ¡Esa película hay que llorarla y tal como le dije a mi mami, el que no llora con Hachi es un insensible! ¿Será normal llorar así? A veces pienso que así como voy no me quedarán más lágrimas. Yo creo que tengo una vertiente en mi interior ¡Es que si me hubieran visto! ¡Ni cuándo me patearon lloré así!

Hoy, cuando son las 3:13 AM, prometí ver una película más liviana, algo para reír y no llorar. Entre miles de películas disponibles elegí Marley & Me (Una Pareja de Tres) actúa Jennifer Aniston y Owen Wilson así que me dije ¡Naaa, es para reír! Terminé llorando, poco pero igual lloré. ¿Saben lo que me causa una sensación extraña? Esta peli también gira entorno a un perro ¡Dos días seguidos llorando por estos seres tan maravillosos! ¡Es que los animales son geniales, sobre todo los perros! ¡Vivan por siempre los animales!

Para terminar, cito a John, personaje de la última película que les nombré:

"Un perro no sabría qué hacer con un coche de lujo o una casa o con ropa de diseño. Se conforma con un palo empapado. A un perro no le importa si eres rico o pobre, listo o bobo, inteligente o tonto... si le das tu corazón te entregará el suyo. ¿De cuánta gente podrías decir eso? ¿Cuánta gente puede hacerte sentir excepcional, puro y especial? ¿Cuánta gente puede hacerte sentir extraordinario?

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