Tengo el corazón apretado, bien apretado. Iba a escribir en la noche pero si lo hacía me iba a desgarrar. Sí, acepto cualquier calificación relacionada con "ponerle color", pero estoy más triste que la chucha.
Uno de mis indispensables favoritos es (me niego al era) Cory Monteith. Lo conocí en Glee y desde el día menos uno me gustó. Su polera roja, jeans, su cara de cabro bueno y el gran parecido a Harvey (Sabrina) me cautivaron desde el comienzo. A eso hay que sumarle su hermosura, ángel y su nula capacidad para el baile.
Quiero llorar, de nuevo. No habrá final soñado de Glee. Rachel, por la cresta, qué serás sin Finn. Finchel será solo un buen recuerdo. Lea, por la rechucha, perdiste también en la vida real. Perder por partida doble debe ser terrible. Yo, siendo una fan humilde de la serie, de Finn, de Rachel, de Lea y de Cory...siento que el corazón se me sale. Pienso en ella, en su familia, en sus amigos más cercanos. Muerte malvada. Adicciones de mierdas, te llevas a los mejores.
Se supone, se supone que debería llorar a los ochenta o noventa, cuando todos mis artistas murieran de viejos. Por favor, no quiero más muertes. Porque claro, tal vez nunca me tomé un café con ustedes, no conocí a sus familias y dudo que sepan de mi existencia, pero cuando los hice partícipes de mi mundo cobraron importancia para mí. Ese es el poder, ese es el juego. Por eso agradezco todas esas escenas en las que me sentí reflejada. Gracias Cory, muchas gracias.

No hay comentarios:
Publicar un comentario