Así que la guerra está declarada. Ser señorita con el helado en esta casa no funciona. Seguiré con mis gritos de injusticia eternamente, pese a que no debería tomar ningún helado del mundo (ya saben, por los kilos extras) ¿El plan de ataque? ¡Ir por el helado de vainilla! y si se termina compro otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario