Más vale tarde que nunca

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El hombre de ojos azules del que solía escribir tiene identidad. Padre Michelle. Michelle es medianamente alto, delgado, algo calvo y de sangre italiana. Cuando me llamaba la atención era terrible. Terrible porque ni con mis papás me sentía tan perseguida… ¡Pero Rosi! (si lo lee con estilo italiano suena como… ¡Pero Rotsi!) decía con una voz potente y realizando el típico gestito que tienen los italianos con las manos.

Él me dijo en una oportunidad que yo era como un volantín. Volaba alto, en paz, tranquila, pero que necesitaba del apoyo de alguien, de alguien que me mantuviera firme, tirante…porque si me soltaban ¡Puf! Me iba a pique. También decía que era como Pedro, el apóstol. Pedro se equivocaba a menudo, no sabía mucho, incluso llegó a negar a Jesús…pero siempre volvía. Siempre me ha dado la sensación que Jesús creía en Pedro más de lo que él lo hacía en sí mismo, no por nada le confió la misión de edificar la Iglesia. Sí, a él, al que lo había negado tres veces antes de cantar el gallo.

¡Volvió la hija pródiga, Dios mío, por eso el cielo está así!  Repitió en más de una oportunidad con su vocecita italiana, mirándome con sus ojos azules que me hacían sentir como un pollito. Su mirada es potente, muy potente.

El padre Michelle me levantó cuando estaba más abajo del suelo. Confió y apostó por mí cuando yo no lo hacía. Me mostró otras realidades. Me hizo entender que no era la única que sufría. Me enfrentó, no solo con el resto sino conmigo. Sí, el me alzó para que pudiera volar.

Hoy, mientras la luna brilla con más fuerza al ladito de Júpiter, revivo muchos momentos junto a él. Late fuerte el episodio de Véndelo todo, aludiendo a la parábola del joven rico. Y lo hice y muchas veces continúo haciéndolo. Pero soy débil, soy tan débil que vuelvo a caer… ¿Se rompe el hilo? ¿Es el viento que amenaza al volantín? ¡Vuelve, vuelve la hija! ¡Se escapa, se escapa nuevamente…! 

¿Qué me alejó tanto tiempo? No sé ¿La vergüenza? ¿La pena? ¿El miedo? Más de veinte veces llegué y me devolví, a pesar de saber que tenía que llegar… ¡Mañana iré a verlo, necesito conversar con él! ¡Mañana me reuniré con todos! Y tuve coraje, varias veces rompí mis ataduras, guardé mi orgullo y volví. Armonía, todo perfecto…pero volví a caer. Y el cuento es el mismo. Entonces ¿Volver de nuevo? ¡Ya pensarán que es un chiste! …y no volví más, nunca más.

Hace un par de semanas volvió el deseo… ¡Tengo que hablar con él, explicarle, contarle en lo que estoy! Hoy la vida me enfrenta de sopetón. Mi mamá me avisó que el cinco de enero vuelve a Italia, a su tierra. No es un viaje para visitar a sus seres queridos, no. Se va y no vuelve. Cumplió su misión en Chile. La vida de los curas es rotativa.

Cinco de enero, cinco de enero, cinco de enero y cinco de enero. No queda nada. Tengo los días realmente contados para hablar, finalmente (de nuevo) con él. No se puede ir sin saber todo el cariño que siento por él. No se puede subir a ese avión sin antes escuchar mis palabras de agradecimiento, porque mucho de lo que soy hoy fue gracias a su ayuda. Más vale tarde que nunca, más vale tarde que nunca.

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