La canela me carga, el solo hecho de oír su nombre me produce un malestar general. La evito siempre, aunque esté en pequeñas cantidades. Las veces que la he probado ha sido para no quedar de rota. En una oportunidad me regalaron una galleta gigante, era tan hermosa que no quería comerla. Ante la insistencia tuve que mascarla. Ahí estaba, luciéndose. Claro, era leve el sabor, pero ahí estaba. Terrible. ¿Te gustó? ¡Sí, está rica! (y de verdad estaba rica, aunque sin la malvada habría sido mucho más sabrosa) ¡Debe ser por la canela! (¡La canela!, seguro…)
Domingo nueve y Anita nos ofrece té Chai. Este té es una combinación de una serie de hierbas y especies. Hiervas y especies, hierbas y especies…obvio que por ahí estaría la malvada. Entonces, estando ahí, probando y viviendo tantas cosas nuevas ¿Por qué no darle una oportunidad a la canela? Muchas veces en mi vida he dejado pasar tantos momentos y a tantas personas por temor. Temor. Llámenme hippie, loca, mística y volá, pero en ese momento la canela era más que la canela, era una representación de tantas cosas.
Así que basta con el show, me aventuré. Lentamente. Terminé tomando como tres tazas. Exquisito. La canela se sentía, levemente, pero era distinta. No todo es tan malo, eso lo compruebo cada día. Y eso es lo loco, la vida me hace recordarlo en los peores momentos. Siempre, pero siempre se puede rescatar algo. Hasta el sabor más malo combinado con otros puede ser más dulce.
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