Manos

domingo, 17 de junio de 2012

Le tomó la mano mientras ella, victoriosa, se sentaba en uno de esos escasos asientos libres del metro. Tomó su mano y la acarició con una ternura, con un amor infinito. Los espié. Él la miraba y la acariciaba. Ella respondía con igual amor a cada uno de sus gestos. Imaginé. Imaginé todas las historias que podrían haber vivido, imaginé sus aciertos, sus peleas y sus enojos. Imaginé sus encuentros, sus miedos, sus aventuras y sus recuerdos. Imaginé su juventud. Ahí estaban, juntos. El acarició la mano rugosa de ella con su mano envejecida ¿Cuántos secretos guardarán cada una de sus arrugas? Millones. El tiempo no tiene que ser un enemigo, el tiempo no tiene que ser la causa del fastidio o del acostumbramiento. El tiempo debe ser un aliado que debe potenciar la pasión. El amor es amor. Entrelazan sus manos con la misma pasión y ternura que una pareja de adolescentes. Su sentimiento juega con todas las conjugaciones verbales. El tiempo es su amigo.  Ellos se amaron, se aman y se amarán con la misma intensidad de siempre (y más) Yo creo en estas historias, no me quedan dudas de que existen.

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