Soy una cazacorazones, yo no lo quise, los caminos de la vida me llevaron. Veo corazones en las comidas, en el barro, en las nubes, en las manchas, en las paredes, en la basura, en las migas de pan, en embases, servicios, vasos, baños… ¿Sigo? Creo que la idea quedó clara. En una oportunidad pensé en fotografiar cada corazón cazado (como un hobby) pero no sé por qué no llevé a cabo ese proyecto.
La cuestión es que ayer pasé una vergüenza en Escala. En la mesa había un porongo con doritos (guácala) y de golosa quise probar uno. Saco uno al azar y... ¡Sorpresa! me encuentro con un corazón ¡Un corazón perfecto! Lo tomé y grité como loca ¡Miren, miren, miren este corazón! Muchos estaban igual de sorprendidos que yo ¡Increíble, cómo tan bien hecho! Me sentía tan especial, hace tanto tiempo no cazaba un corazón ¡Y este era magnífico! Me acerco a ver el recipiente con nachos (gúacala) y mi corazón se partió ¡Habían miles de corazones! ¡Rosi, mira el embase, son los nuevos doritos picantes con forma de corazón! Golpe de realidad. No era un corazón especial, yo no era especial. El corazón que tenía en mi mano (y que había pensando incluso en fotografiar) era uno más de miles. Uno más de los creados por una máquina de comida. Uno más. No era especial…y ahí estaba yo, un poco humillada. Miré el dorito (guácala) y me lo comí, al final ni era tan picante.
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