Te imaginé, te soñé, te canté, te esperé, te deseé, te sentí, te pensé, te hablé, te necesité, te escribí y te seguí imaginando. Hace seis meses te volviste real, tan real como la luna que me acompaña noche a noche en mis desvelos. Medio año (me gusta como lo dices) lleno de una intensidad que no hace más que crecer día a día. Eres mi compañero, mi confidente, mi amante y mi fuente constante de suspiros. Siento, siento cómo mi corazón se alborota cada vez que te pienso, cada vez que te siento pegadito junto a mí. Gracias por el día de hoy, por cada uno de tus detalles ¡Sigues, sigues sorprendiéndome! Gracias por este medio año, porque ahora más que nunca sonrío al saber que eres real, que ya no tengo que imaginarte, soñarte o esperarte. Estás aquí, junto a mí. ¿Mi respuesta a la línea final de tu carta? Sí, por supuesto que sí y acá dejo constancia.
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