La mente es súper rápida, sobre todo cuando uno se analiza y recuerda momentos que fueron, que pudieron ser o que son. Son conexiones infinitas en tan pocos segundos.
Con el pasar del tiempo mi amor por las cosas buenas han cobrado un valor inmenso, pero son las cosas "malas" las que he aprendido a amar. ¡Es increíble sentirse en paz con todo y con todos!
Con todo te incluyo a ti también. Tú que jamás comprenderás el daño que me hiciste pasar. Tú que fuiste una de las primeras ratas que escapó cuando el barco empezó a hundirse. Tú que no fuiste capaz de esperar, de ser sincero y de darme la cara como correspondía. Te escondiste detrás de esos ojos verdes, detrás de esa mirada que te queda tan bien. Mil veces imaginé cual sería mi reacción al verte de nuevo. En solitario, no detrás de una mujer o de alguien que te cubriera la espalda como siempre en tu vida. ¡Cuántas veces vi tu doble en el metro, en la micro...! ¡Podía sentir cómo mi corazón se escapaba en cada latido! Hoy llegó el día. En medio de la multitud te reconocí como en tiempos de antaño. No sentí ni miedo, ni rencor, ni pena. Nada, salvo la impresión de reconocerte entre tanto trapo negro que abunda en la ciudad. Hace mucho sentía esa paz, esa liberación... ¡Ya era hora! Los años no pasan en vano ¿No es cierto? ¡Hasta pude sentir que amaba esa cobardía que antes repudiaba! ¡Gracias a eso soy lo que soy! Por eso te estoy inmensamente agradecida ¿Cómo no estarlo?
Esto viene a coronar los buenos tiempos. Una prueba que corrobora lo que sentía hace bastantes meses. Como diría el gran James Brown ¡I feel good!
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